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Ahora, todos dicen...

Cada vez que miro la luna,  me acuerdo de  esa triste y dulce locura  que vino ayer.  Cada vez que miro las flores,  pienso en pan duro. Y es que todo fue  una putada… Ahora todos dicen: «¡Coño, Pablo! Estás cambiado. Con esas ojeritas  parece que no has dormido.  Ya no cuentas con nadie  y andas siempre despistado. Luego no te quejes de que  no tienes amigos.» En otoño, llueven hojas  aunque no se vean con la niebla;  en invierno, huele a flores; ¡cosa mala!:  nunca fue su época. Cada vez que miro una foto,  me acuerdo de  cuantas de ellas habría roto y  nunca podré.  Cada vez que miro las flores,  pienso en pan duro.  Y es que todo fue  una putada… Ahora todos dicen:  «¡Coño, Pablo! Estás muy flaco» .  Ella, me dice al oído:  «Cuéntame lo que has comido,  que sólo piensas en los cambios  cuando...

Una de las navidades más extrañas que recuerdo III: kill your idols.

Dicen que en internet hay de todo, pero yo sigo sin encontrar un busto de Bukowski. Quiero comprar uno. ¡ Necesito comprar uno! Uno no muy grande, de unos quince centímetros, para colocarlo en mi estantería. Miraba las figuritas del belén y me parecía injusto que incluso los pastorcillos tenían su propia figura, pero Bukowski no tenía un busto que adornase mi estantería. —Cuando tengamos pasta , encargaré a alguien que me haga un busto de Bukowski. —¿Para qué quieres un busto de ese señor? —preguntó mi mujer. —Creo que quedaría de puta madre en nuestra estantería —contesté. Ella cabeceó. —Yo creo que sería una horterada.  Hablábamos casi en susurros. Nos sentíamos extraños en el recibidor de aquella casa. La casa donde me crie. La casa de la que me marché siendo un adolescente. La casa a la que juré no volver. Los dos contemplábamos las figuritas del portal de belén que mi madre había montado con su nuevo novio mientras esperábamos a que bajase...