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Mostrando las entradas etiquetadas como Cuentos que duraron el café del desayuno

la clase de pintura

            Me apunté a clases de pintura por recomendación de un psicólogo. Ya hacía meses que había perdido mi empleo y tenía la sensación de que nunca más volvería a sentirme útil. Eso me hizo deprimirme y acomodarme. Llegó un momento en el cual no salía de casa —como mucho, para recoger una compra que hubiese realizado previamente por internet— y, la verdad, si miro con retrospectiva, puedo llegar a entender mi actitud. Es raro, pero cuando llevas años en la misma rutina, aunque sea una rutina que odies, es un duro golpe para tu autoestima que te la arrebaten de repente.  Me despidieron porque, según mi jefa, me distraía demasiado y mi aspecto era cada vez más lamentable. También puedo llegar a entender mi actitud en ese momento. Mi pareja se había marchado sin más. Me desperté una mañana y no estaba en la cama y, cuando me dirigí a la cocina, había una nota: «Necesito irme un tiempo. No te culpes de nada. No es culpa tuya. Solo necesito respi...

la excepción del sacerdote

  Todo empezó el día en que oí cómo alguien me llamaba por mi nombre desde dentro de mi mujer. En un principio, lo achaqué a los largos periodos de tiempo que me pasé experimentando con alucinógenos. Era habitual en mí el uso de hongos, PCP, LSD, ketamina, éxtasis y otras sustancias durante los primeros años de mi edad adulta, por lo que no es del todo raro que de vez en cuando me despierten gritos que nadie da o me acechen sombras que no existen. «Capullo, deja de pensar que soy fruto de tu mierda de cerebro. ¡Te voy a joder de lo lindo!» me dijo esa voz, una vez, mientras mi mujer dormía. Esa misma noche, había mezclado whisky con un par de barbitúricos para conciliar el sueño, así que no estaba del todo seguro de haberlo soñado. ¿Qué me hizo percibir, entonces, que aquello se salía de lo normal? , podrías preguntarte.  La respuesta es sencilla: mi mujer salió del cuarto de baño de nuestro apartamento y se dirigió al salón. Se colocó frente al sillón donde yo est...